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¿Por qué, en tiempo de peligro, los Sabios instituyeron colocar la vela dentro, sobre su mesa, y con ello basta, como se explica en la Guemará (Shabat 21b), si en tiempo de persecución religiosa[1] existe la obligación de entregar la vida[2]? ¿Por qué no dijeron que se debía entregar la vida para encender las velas de Janucá en la entrada próxima al dominio público?
[1] Según las opiniones de los Rishonim que sostienen que «tiempo de peligro» no se refiere a un tiempo de persecución religiosa, no resulta difícil entender por qué no hay obligación de entregar la vida para encender afuera. Rashi explicó que los persas tenían la norma, en el día de su festividad, de no encender una vela sino en su casa de idolatría, como se dice en Guitín (17a), y entonces nuestros Sabios instituyeron encender dentro. Así también explicaron los Tosafot en nombre de Rabenu Itzjak y los Tosafot HaRosh. Según esto, puesto que no era un tiempo de persecución religiosa —pues el decreto se aplicaba a todas las naciones—, no estaban obligados a entregar la vida por ello. Así también precisó el Baj (allí) en nombre del Nimukei Iosef (Sanedrín 17b). Rav Nisim Gaón escribe en sus Jidushim sobre Shabat (45a): «Hemos oído que en los días de los javerim persas, estos recorrían todas las casas de Israel, apagaban las velas y tomaban una vela de cada casa; esto causaba gran sufrimiento a Israel, porque llevaban sus velas a la idolatría». Al final de sus palabras cita además las Sheiltot de Rav Ajai, en la parashá Vaerá, donde se escribió que en el reino de los persas había javerim que recorrían las casas de Israel, apagaban las velas, removían las brasas y las llevaban a su templo del fuego, que era idolatría. Hasta aquí. Según esto se entiende aún mejor: si se refiere a los javerim que apagaban las velas, dijeron que en tiempo de peligro se la coloca sobre la mesa, para que no apagaran las velas ni las tomaran para llevarlas a la idolatría. Asimismo, parece que incluso según quienes sostienen que se refiere a un tiempo de persecución religiosa, dijeron que se la colocara sobre la mesa y no que entregaran la vida para encender afuera, porque temían que tomaran las velas para llevarlas a la idolatría; así se resuelve mejor la dificultad del Baj.
También puede explicarse, con ayuda del Cielo, conforme a lo dicho en el Talmud Ierushalmi (Sucá, cap. 5, final de halajá 1): al malvado Turnus Rufus le nació un hijo en Tishá BeAv y murió en la noche de Janucá. Los judíos encendieron velas afuera, como era su costumbre. Entonces el malvado Turnus Rufus vino contra ellos, los rodeó con legiones y los mató; la sangre llegó hasta Chipre. En aquel momento fue cercenado el poder de Israel y no volverá a su lugar hasta que venga el hijo de David.
Sin embargo, el Meirí rechazó la explicación de Rashi, según la cual no se encendía a causa de la festividad de los persas, pues, de ser así, ¿cómo se encendería sobre la mesa? Por tanto, sin duda se refiere a que no se encendía debido a la persecución religiosa. Así lo explicó también el Piskei Rid: «Y en tiempo de peligro la coloca sobre su mesa, y con ello basta, pues los gentiles no permitían a Israel cumplir las mitzvot». Así también lo explicó el Ran. Los Tosafot (45a, s.v. mikamei), en su segunda respuesta en nombre de Rabenu Itzjak, escribieron asimismo que «tiempo de peligro» no se refiere al peligro de los javerim, sino al peligro de un decreto que prohibía encender la vela de Janucá. Según sus palabras, requiere análisis por qué no existía la obligación de entregar la vida para cumplir la mitzvá de encender las velas conforme a la halajá. Así también precisó el Baj (allí) de las palabras del Tur, quien escribió: «En tiempo de peligro, cuando no tiene permiso de cumplir las mitzvot, la coloca sobre su mesa, y con ello basta»; y escribió que esta explicación es la principal.
[2] Incluso por la forma de atar las correas de los zapatos, como se explica en Sanedrín (74a). Rashi explicó que, si la costumbre de los gentiles es atarlas de una manera y la costumbre de Israel es atarlas de otra —por ejemplo, cuando hay en ello un aspecto distintivo judío y la costumbre de Israel es ser recatados—, incluso por este cambio, que no constituye una mitzvá sino solamente una costumbre, debe santificar el Nombre ante sus compañeros judíos. Por tanto, también respecto de las velas de Janucá, habría sido necesario