¡La vela de Janucá es, en esencia, la vela de la fe!!
Los griegos quisieron destruir la fe en el mundo, y de manera milagrosa, prodigiosa, sobrenatural, los poderosos fueron entregados en manos de los débiles, los numerosos en manos de los pocos, los impuros en manos de los puros, los malvados en manos de quienes se ocupan de la Torá, y la Casa de los Jashmonaim, que venció a los griegos en la guerra, encendió la luz de la fe al hallar la vasija de aceite puro, y al encender las velas en el Bet Hamikdash mediante un milagro y prodigio, después de que el aceite alcanzaba para un solo día, ¡y ardió ocho días!!
Todo judío que enciende una vela de Janucá, da testimonio, en esencia, de la fe, y así, generación tras generación, todos testimonian y proclaman la fe en Hashem, ¡un testimonio que no puede falsificarse!!
Cuando todos nuestros hermanos de la Casa de Israel, no solo miles, ni solo decenas de miles, ni solo cientos de miles, sino millones de judíos en todo el mundo, encienden las velas de Janucá, encienden en realidad la luz de la fe en el mundo, en el Di-s bendito, y la llama que arde y se eleva proclama: «Escucha, Israel: Hashem nuestro Di-s, Hashem es Uno«!
Por tanto, puesto que la vela de Janucá es un testimonio para todos los habitantes del mundo sobre la fe en el Di-s bendito, no es en absoluto extraño que el Rambam escribiera acerca de ella, que es una mitzvá sumamente querida!
Véanse además 12 maravillosas respuestas a esta pregunta en mi obra «Eshkol Yosef» Moadim.