Fuentes y explicaciones:
Véanse estas leyes relativas a una mujer cuyo ciclo menstrual ha cesado en el Shulján Aruj (Yoré Deá, simán 189, incisos 28-31).
En cuanto a las demás mujeres: si les está permitido dormir con sus esposos en la misma cama cuando ha llegado el momento de su menstruación y no han visto sangre, te transcribo una responsa manuscrita que escribí:
Marán el Beit Yosef (simán 184), después de citar la opinión del Terumat HaDeshen, que fue estricto respecto de otras formas de cercanía durante la temporada menstrual, objetó y escribió: «Sus palabras no me parecen correctas, pues del hecho de que escribieron que solo está prohibida la relación conyugal se desprende que todo lo que no sea “relación conyugal propiamente dicha” está permitido». Hasta aquí sus palabras. Asimismo dictaminó allí en el Shulján Aruj (inciso 2): «En el momento de su menstruación debe separarse, no de las demás cercanías, sino solamente de la relación conyugal». Vemos que declaró explícitamente que solo prohibieron la relación conyugal; por lo tanto, todas las demás cercanías que no sean relación conyugal propiamente dicha están permitidas, e igualmente dormir en una misma cama con contacto corporal. La razón es que, puesto que sostenemos que la separación próxima a la menstruación es una obligación rabínica, no decretaron sino respecto de la relación conyugal, que es lo principal que provoca la excitación y el flujo de sangre. Así escribió también el libro Zivjéi Tzedek (simán 184, seif katán 8) en nombre del Shulján Gavoha (seif katán 5): «Pero abrazarla y besarla, y dormir en la misma cama con contacto corporal, está permitido». Y añadió el Zivjéi Tzedek que esta era la costumbre en Bagdad: no se abstenían de todo ello hasta que ella se convertía en nidá. Hasta aquí sus palabras.
b). Aparentemente, esto también queda demostrado, pues de no ser así, ¿por qué el Shulján Aruj no escribió que se debe ser estricto respecto de dormir en la misma cama, como escribió en las leyes de Tishá BeAv (simán 554, inciso 18): «Hay quien dice que no debe dormir la noche de Tishá BeAv con su esposa en la misma cama, y es correcto, por el principio de “dile al nazir: aléjate, aléjate del viñedo”»? Sin embargo, las palabras del Shulján Aruj requieren explicación: ¿por qué en Tishá BeAv fueron más estrictos, mientras que respecto de separarse durante la temporada menstrual, donde existe temor de karet, fueron más indulgentes? Puede explicarse que, durante la temporada menstrual, la relación conyugal en sí no está prohibida sino por temor a que se convierta en nidá a causa de la excitación de la relación; por tanto, dormir en la misma cama, que implica el temor de que tengan relaciones y de que ella vea sangre, es un temor remoto. En cambio, en Tishá BeAv la relación conyugal misma está prohibida. Alternativamente, puede decirse, como escribió el Gaón Rabí Shneur Zalman (simán 184, kuntres ajarón, letra 2), que, puesto que la relación conyugal en Tishá BeAv está prohibida por divréi kabalá, es más grave que la temporada menstrual; sobre esta base permitió según la ley dormir con ella en la misma cama durante su temporada menstrual. Por ello tampoco debe aportarse prueba de las leyes de duelo (simán 383, inciso 1), donde fueron estrictos respecto de dormir con ella en la cama en absoluto. Pues allí también la prohibición de la relación conyugal es por divréi kabalá, más grave, y además la relación conyugal está prohibida en sí misma; pero aquí la relación es una medida de distanciamiento por temor a que vea sangre, y es solo una prohibición rabínica, como escribió Marán el Beit Yosef.
c). El Raah, en Bedek HaBáyit (sháar 2, letra 2), explica que permitieron abrazos y besos durante la temporada menstrual y prohibieron la relación conyugal, aunque en ambos hay una prohibición de la Torá, como escribió el Rambam (capítulo 21 de Hiljot Isuré Biá, halajá 1; véase también el Shaj, Yoré Deá, final del simán 195, sobre palpar el pulso de su esposa nidá). La razón es que la relación conyugal provoca calentamiento, y por ello tememos que vea sangre dentro de la temporada en que acostumbra verla; no así los abrazos y besos. Así escribieron también el Meirí en Shevuot (17b), el Séfer HaEshkol (simán 48) y el Radbaz, parte I (simán 163). De manera similar escribieron el Baj (simán 184, inciso 2) y el Keretí (seif katán 10), que la excitación de la relación conyugal provoca el sangrado. Así escribió también el Jatam Sofer (Yoré Deá, simán 170), y según esta razón debe permitirse dormir en la misma cama.
Asimismo, resulta claro según lo que escribió el Radbaz (allí) en su primera razón: puesto que las temporadas menstruales tienen carácter rabínico, solo fueron estrictos respecto de la relación conyugal, cuya transgresión implica karet. Según esto, debe permitirse dormir. El Baj (simán 184, s.v. «uPerishá») distinguió que respecto de la relación conyugal tememos que, a causa de ella, vea sangre durante aquella temporada; sin embargo, respecto de abrazos y besos no tememos que tenga relaciones con ella, pues incluso si las tuviera, sería solo una prohibición rabínica, ya que sostenemos que las temporadas menstruales son rabínicas; por tanto, sería un decreto sobre otro decreto. También según esta razón hay lugar para ser indulgente respecto de dormir en la misma cama durante la temporada menstrual, ya que sigue siendo solo el temor de que tenga relaciones con ella, e incluso si las tuviera, ¿quién dice que verá sangre? Con mayor razón en una temporada no fija, que es más leve, pues el temor es que llegue a establecerla como fija.
Aunque el Gaón Rabí Shneur Zalman (allí) escribió que, según el Taz, quien prohíbe por la ley misma los abrazos y besos durante la temporada menstrual, porque llevan al deseo y tememos que tenga relaciones con ella, con mayor razón no debe dormir con ella en la misma cama, pues tememos que tenga relaciones con ella; véase allí. Sin embargo, ya se explicó que aquí, incluso si tiene relaciones con ella, se trata solo del temor de que vea sangre, y no es comparable al duelo; por ello es más leve. Además, el citado Taz discrepa de las palabras del Shulján Aruj, que permite abrazos y besos, y según la opinión de Marán tampoco existe este temor. Más aún, muchos Ajaronim cuestionaron su prueba de las leyes de duelo, como escribieron el Minjat Yaakov (seif katán 4) y el Gaón Rabí Shneur Zalman (allí).
d). Por ello, aunque el Rav Ben Ish Jai (parashat Tzav, letra 2) escribió que no se debe dormir con ella sobre la misma almohada, por temor a que vea sangre durante el sueño sin advertirlo y resulte que duerme junto a ella con cercanía cuando ella se convierte en nidá, ello se debe a que él consideró necesario ser estricto incluso respecto de abrazos y besos, como escribió allí. Pero según la opinión de Marán el Shulján Aruj, que no temió esto conforme a la ley esencial, incluso dormir con contacto corporal debe permitirse según la ley.
e).
De aquí surge una dificultad respecto de lo escrito en Taharat HaBáyit, parte I (simán 2, pág. 67), que se debe ser estricto respecto de dormir en la misma cama durante la temporada menstrual, aunque permitió abrazos y besos durante dicha temporada. La razón que dio es que tememos que se convierta en nidá sin que él lo advierta, mientras que en abrazos y besos, en cuanto ella lo sienta, se separará. Algo similar escribió el Jatam Sofer (simán 170) en nombre de su maestro, el gaón Rabí Natán Adler z»l: la diferencia entre abrazos y besos y la relación conyugal es que, en la relación, cabe temer que vea sangre y él no pueda separarse mientras el órgano está erecto; no así en las demás cercanías, pues si ella lo siente se lo hará saber y él se separará de inmediato. Según esto, también al dormir en la misma cama cabe temer que vea sangre sin que él lo advierta, especialmente en medio del sueño, como escribió el Rav Taharat HaBáyit.
Sin embargo, de la formulación general de todos los Rishonim citados por el Beit Yosef parece que no prohibieron ni siquiera dormir en la misma cama, incluso en una temporada fija. Así se desprende también de las palabras del Raavad, el Rambán y el Rashbá; en particular, así se demuestra de las palabras de Marán el Beit Yosef y del Shulján Aruj, como se mencionó anteriormente. Por fuerza, no decretaron ni siquiera respecto de dormir, por temor a que ella vea sangre durante el sueño sin que él lo advierta. Lo que el Rav Taharat HaBáyit z»l apoyó en las palabras del Gaón Rabí Shneur Zalman y del Ben Ish Jai se debe a que ellos siguen su propio enfoque, pues fueron estrictos incluso respecto de abrazos y besos, conforme a la opinión del Ramá. Aunque en una temporada fija hay más lugar para ser estricto, sin embargo, en una temporada no fija, en mi humilde opinión, lo principal según la ley es ser indulgente en esto. Con mayor razón, no necesitan separar sus camas cuando cada uno duerme en un colchón separado, pues ello no es sino una medida de rigor adicional.
Esta respuesta fue traducida automáticamente del hebreo y aún no ha sido revisada por una persona. Por ello, puede contener imprecisiones y no debe considerarse una referencia definitiva.














